Quien tiene una lancha pequeña o una moto de agua en Cartagena sabe que el ritual del verano tiene dos partes: la del mar y la de la rampa. Enganchar el remolque, bajar de culo por una pendiente mojada y con verdín, meter las ruedas del remolque en el agua, esperar a que el barco flote y subir otra vez con todo el peso. Luego, de vuelta a casa por la RM-12 o por la carretera del Mar Menor.
La mayoría de propietarios cuida el remolque con esmero: lo aclaran con agua dulce y engrasan sus bujes. El coche que tira de todo eso, en cambio, suele pasar el verano sin que nadie lo mire. Y cuando llega en septiembre al taller, trae una serie de desgastes muy reconocibles.
Rodamientos traseros: el agua donde no debería llegar
En una rampa con poca pendiente, o cuando hay que meter mucho el remolque para que el barco flote, es fácil que las ruedas traseras del coche acaben tocando el agua. Si pasa a menudo, el agua salada entra en contacto con los rodamientos de rueda, las pinzas y los discos traseros, y además el rodamiento está caliente del trayecto: al enfriarse de golpe contrae y aspira humedad a través de los retenes.
El resultado aparece semanas o meses después:
- Zumbido que sube con la velocidad, que cambia de tono al girar en curva a un lado u otro.
- Holgura en la rueda al moverla con las manos en el elevador.
- Ruido áspero al girar la rueda con el coche levantado.
Un rodamiento con agua dentro no se recupera: hay que cambiarlo. Lo que sí se puede hacer es evitar que llegue a ese punto. En la página de rodamientos de rueda explicamos cómo lo diagnosticamos para no confundirlo con un neumático desgastado.
Frenos traseros con sal
La sal es mala compañera para los frenos. En los días posteriores a una salida, los discos se cubren de óxido, las guías de las pinzas se endurecen y, en coches con freno de tambor atrás, las zapatas pueden quedarse pegadas. Con el coche parado entre semana, se nota al arrancar el lunes: un crujido en la primera frenada o un freno de mano que no suelta bien.
Si además el remolque es de freno de inercia, el coche trabaja menos al frenar, pero si el remolque no tiene freno, todo el esfuerzo lo hacen los frenos del coche. En bajadas con peso, pastillas y líquido se calientan mucho más. Revisarlos antes y después de la temporada es buena idea. Lo tienes en frenos.
Embrague que patina en la subida
La salida de la rampa es la prueba más dura para un embrague: pendiente, suelo mojado, peso atrás y arrancada desde parado. Un embrague con desgaste que en ciudad va perfecto puede empezar a patinar ahí. Lo notarás porque sube el régimen del motor pero el coche no avanza, y a veces por un olor a quemado.
Consejos que ayudan: sube en primera sin acelerar de más, evita mantener el coche parado en la pendiente con el embrague a medio pisar y, si la rampa es muy resbaladiza, pide ayuda para que no patinen también las ruedas. Si tu coche es automático, no aguantes el coche en la cuesta con el acelerador: usa el freno.
Refrigeración y aceite en agosto
Remolcar con calor sube la temperatura del motor y, sobre todo, del aceite y del cambio. Si tu coche es turbodiésel, el turbo también trabaja más. Tras la última subida, deja el motor al ralentí un minuto antes de apagarlo. Revisa el nivel de refrigerante antes del verano y no apures el cambio de aceite si vas a remolcar a menudo. Si ya notas que el coche pierde fuerza con el remolque, que antes no pasaba, merece la pena revisar el turbo.
La lista después de cada salida
- Aclara con agua dulce los bajos traseros del coche, no solo el remolque. Una manguera apuntando a las ruedas traseras y a la zona del enganche basta.
- Mueve el coche después de aclarar y da un par de frenadas suaves para secar los discos.
- Engrasa la bola del enganche y revisa el conector eléctrico: el salitre corroe los pines y las luces del remolque dejan de funcionar.
- Mira la presión de los neumáticos traseros del coche con el peso del remolque: la ficha técnica del coche indica la presión para carga.
Antes de la temporada
Una revisión de primavera para quien remolca debería incluir rodamientos traseros, frenos y líquido, embrague, niveles, estado del enganche y su conexión eléctrica, y amortiguadores traseros, que son los que soportan el peso sobre la bola. Nada exótico, pero todo junto. Y respeta siempre la masa remolcable que figura en la documentación del coche: la del remolque lleno, no la del barco solo.
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